Matices dulces y agrios recorren mi vida. Y es que hay personas que parece que endulzan todo a su paso.Aunque agrio, porque hoy vuelve a mí este agrio sabor a vómito; ese mismo que lleva años acechándome.
Y es que vuelvo a equivocarme, vuelvo a volar en unas altitudes que no son las mías. ¡Qué le voy a hacer!, añoraba el sol; al ver luz me he acercado demasiado y me he quemado. No se puede poner límites al sol, que con su brillo endulza la vida. (Les ruego, que me perdonen este contrapunto con la luna de Lorca. El que hoy les escribe no es ningún genio, solo un iluso).
Sin embargo, la vida vuelve a tomar ese matiz agrio. Tan frecuente que ya me resulta familiar. Parece que esta maldición me aceche. Sé que es pronto para añorar el sol, pero esperaba volar un poco más bajo su manto.
No puedo tampoco culpar al sol por querer estar en otras altitudes. A mí a esta altitud me sobra el oxígeno, y me envenena con su mano funesta.
Dice el sol que en el pasado sufrió de tormentas solares, y que por ello le da miedo brillar con mayor intensidad. Yo le digo que de tormentas solares soy experto (mientras le enseño mi pecho abrasado). Este es el sabor amargo del que les hablo, fruto de las tormentas solares; y del que pretendo desprenderme con este escrito.
Yo le digo, que entiendo por lo que pasa. Pero que se equivoca respecto a mí, que yo llevo toda mi vida intentando entenderme; y por ahora he fracasado. Aunque desde que soy otro, me conozco un poco mejor. Que la parte valiente de apreciar, es respetar decisiones. Que por tanto, respeto que quiera volar solo a esas altitudes.
Lo que sí le espeto: Que para mí esta altitud es una condena, y no pienso cumplir cadena perpetua. Pero por ahora vuelvo a volar en mi condena, donde el oxígeno me aflige, y apenas brilla el sol. Aunque contento, pues al mirar hacia arriba veo un rayo de sol; que espera que siga brillando y cada vez con más intensidad. Pues pocos soles quedan ya.
No hay comentarios:
Publicar un comentario